martes, 14 de junio de 2016

Procrastinar

Dice la Real Academia Española de la Lengua:

procrastinar.
Del lat. procrastināre.1. tr. Diferiraplazar.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados
Es una palabra preciosa con un significado terrible. Es uno de mis grandes fallos: siempre aplazo. Decía un conocido: "hasta el rabo todo es toro". El problema no es utilizar un plazo hasta el final, que entra en un tema de "gestión del tiempo" según prioridades; el problema es dejar de hacer algo por no hacer absolutamente nada. Generalmente, además, va asociado con un sentimiento de culpabilidad: quien procrastina no hace lo que debe y sufre.

Asociadas a la procrastinación hay consecuencias muy negativas, desde la ansiedad que suele provocar hasta el hecho de terminar haciendo un trabajo de peor calidad. 

Hace poco más de diez meses di un giro a mi vida (no uno de esos de 360º que te dejan igual, que conste) y cambié muchas cosas que no me gustaban de mí misma. Hoy he decidido cambiar también ésta. ¿Cómo? Imagino que no hay soluciones universales y únicas. Lo que me sirve a mí, puede ser totalmente inútil para ti. Creo que el truco consiste en ir conociéndote: si sabes cómo motivarte podrás conseguir tus objetivos más fácilmente.

A mí me viene bien trazar un plan, escribir el blog y establecer objetivos que sean asequibles a corto plazo. En estos casos no hay que ser muy ambicioso. Está bien querer cambiar, pero selecciona algunos aspectos y trabaja en ellos. La dispersión suele ser contraproducente.

Yo me voy a centrar en no volver a procrastinar. Sí, éste es un objetivo ambicioso porque no se reduce a una parcela de mi vida. Bueno, normalmente nuestras virtudes y defectos no lo hacen, sino que se proyectan en todos los ámbitos. 

Hoy comentaba con una amiga: ¿son nuestros defectos intrínsecos? Es decir, forman parte de nosotros de forma inherente. Porque si partes de esta premisa, es imposible cambiar. Nadie cambia la esencia de quién es, creo. Yo sé que en mi caso no es así porque no siempre he procrastinado. Y aunque lo hubiera hecho toda mi vida, es algo que está más relacionado con hábitos que con forma de ser. Aunque podría relacionarse con la pereza...

En cualquier caso, creo que en este caso la perseverancia es más importante que cualquier otra cosa. Y lo más sencillo es realizar las tareas "sin pensar" introduciendo rutinas. Yo odio las rutinas porque hacen que los días sean exactamente iguales unos a otros. Pero es muy cómodo tenerlas en determinadas actividades cotidianas. En concreto tengo que integrarlas en el trabajo (archivo de documentación) y en aspectos básicos de orden y limpieza de la casa. ¡Pffff!

En realidad, en lo importante he dejado de procrastinar. Me he hecho cargo de mi vida, aunque de forma parcial. Creo que ésta es la parte fácil, sólo hay que empezar ahora. Ya. Así lo hice la otra vez. Me senté en el ordenador, escribí, me levanté y me puse a ello. ¿Por qué está vez iba a ser diferente? No lo es.

Otro día hablaremos del éxito.

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