domingo, 9 de octubre de 2016

Perdonar

Dice la Real Academia de la Lengua Española:


perdonar. Del lat. tardío perdonāre, de per- 'per-' y donāre 'dar'. 
1. tr. Dicho de quien ha sido perjudicado por ello: remitir la deuda, ofensa, falta, delito u otra cosa. 
2. tr. Exceptuar a alquien de lo que comúnmente se hace con todos, o eximirlo de la obligación que tiene. 
3. tr. Renunciar a algo o privarse de ello. No perdonar ocasión de lucirse. No perdonar un baile. 
4. tr. Renunciar a un derecho, goce o disfrute.

El viernes me miré al espejo y conversé durante horas conmigo misma. Mentira. El viernes quedé con mi yo del pasado, hablamos largo y tendido, nos miramos a los ojos, con cariño, sin rencores y nos perdonamos.

Mi espejo tiene 38 años y nombre masculino, I, vive en Irlanda desde junio del año pasado, y fue mi pareja durante quince años y veintidós días. Un viernes 22 de enero de 2016, después de comer, me llamó. ¿Eres feliz?, preguntó. Yo me recordé caminando la mañana anterior, sonriente, pensando cómo estaban cambiando las cosas, cómo parecían ir encajando y sintiéndome en paz. Respondí que sí. Mentí. Sabía cuál era su respuesta. Sabía cómo terminaría esa conversación. No opuse resistencia. Se acabó.

Me quedé acurrucada durante horas en el sofá. Sintiendo que mi mundo se desmoronaba, que no quedaba nada. Pero también sentí alivio, no os engañaré.

Han pasado ocho meses y dieciséis días. 

El viernes me perdoné. No tenía que enfrentarme a él, nunca hizo falta. No necesité herirle, porque no siento rencor y porque no es coherente con la forma que tengo de entender la vida. No le culpé, porque acepto mi responsabilidad. Sentí mucha paz. Me perdoné por haber cerrado los ojos, haber ignorado la evidencia, haberme hecho tanto daños, haberme perdido en el camino. No pasa nada, cielo, "we have plenty of time".

Este último mes ha sido difícil. Mentira. Este último mes lo he hecho muy difícil. He perdido mi equilibrio haciendo oídos a personas que, creyendo saber qué es lo mejor para mí, proyectan su realidad en la mía. He entrado en ese juego y he perdido. 

Hoy es domingo, como aquel último domingo de agosto. Hoy empieza otra etapa. La que yo decida. 

Yo sí creo en que la felicidad es un estado permanente. Una base sobre la que pueden transcurrir otras cosas, que de vez en cuando se interrumpe, pero para volver. Siento en mi corazón que la única misión que tengo en esta vida es ser feliz. Y me lo voy a tomar muy en serio.

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